
Rafa Ponce 19-4-2010
Si alguien me pregunta sobre mi compositor favorito siempre me escuchará decir Gustav Mahler (1860 - 1911), y el caso es que cuando empezó a interesarme la música clásica me pareció inaccesible, pero cuando escuché fortuitamente el adagietto de su 5ª sinfonía me puse machaconamente a escuchar su obra completa, un movimiento como ese, solo lo podía haber compuesto un genio, si alguien tiene interés se lo recomiendo 4º movimiento (adagietto) de la 5ª Sinfonía, mi audición digo que fue fortuita porque la escuché viendo la película Muerte en Venecia donde Luchino Visconti incluyó esta música en su banda sonora, bueno pues si le gusta inicien la andadura de conocer a este músico, con la absoluta certeza de que cuando os llegue al alma, “porque tarde o temprano llega”, ya nunca escuchareis algo igual.
Nació en el seno de una familia burguesa de origen judío establecida en Bohemia y luego en Moravia, hijo adoptivo puede decirse de Viena refugio de continuos exiliados. Esto le hacía comentar “Soy tres veces apátrida. Como nativo de Bohemia, en Austria; como austriaco en Alemania y como judío en el mundo entero. Un intruso en todas partes, ¡En ninguna deseado!
En una Viena poco antes de su decadencia política y cultural, que se configura como la ciudad de los valses, de los cafés conciertos y las salas de bailes, en la que se citan un gran grupo de intelectuales y artistas radicales que abrirían nuevas perspectivas en muchos campos. Entre otros encontramos a Sigmund Freu, a los pintores Gustav Klimt, Egon Schiele y Oskar Kokoschka, los arquitectos Otto Wagner y Adolph Loos, hacen que la capital vienesa básicamente conservadora participe en el establecimiento de las bases intelectuales y artística de la era moderna.
En este ambiente se alzan voces discordantes desde el ámbito de la música donde Mahler y Schoenberg caminando eso si,en diferentes sentidos, inician un proceso de revisión de la música, siendo Mahler uno de los músicos que anuncian y presagian en su obra de manera más lúcida y consecuente todas las contradicciones que definirán el desarrollo del arte musical a lo largo del siglo XX.
Decía Mahler que su música no sería apreciada hasta cincuenta años después de su muerte. No le faltaba razón: valorado en su tiempo más como director de orquesta que como compositor, digamos que el director de prestigio internacional mantenía al compositor desconocido. Es curioso que su carrera como director la desarrolló fundamentalmente en el terreno operístico, fue director de las operas de Praga, Leipzig donde fue segundo de su protector Arthur Nikisch, Hamburgo, Budapest, Viena y Metropolitan Opera House, también dirigió la Filarmónica de Nueva York, sin embargo como compositor se dedico exclusivamente a las sinfonía y el lied.
Su reconocimiento como compositor fue lenta y se vio retrasada por la llegada de los nazis al poder en Alemania y Austria: por su doble condición de compositor judío y moderno, la ejecución de la música de Mahler fue terminantemente prohibida, el nombramiento como director de la ópera de Viena llevó consigo la renuncia a su religión judía y abrazar el catolicismo. Sólo al final de la Segunda Guerra Mundial, y gracias a directores como Bruno Walter, Leonard Bernstein y Otto Klemperer, sus sinfonías empezaron a hacerse un hueco en el repertorio de las grandes orquestas.
Compuso nueve sinfonías, la segunda es para mi gusto la mejor de todas, se titula “Resurrección” y es que Mahler asistió al funeral del mítico director de orquesta Hans von Bulow y fue precisamente allí donde escucho el poema “Resurrección” de Klopstock, versos que le parecieron ideales para el final tan espectacular de esta macro sinfonía donde el coro termina prácticamente gritando:
Con las alas que me he conquistado… / Me elevaré. / Moriré ¡para vivir después! ¡Resucitarás, si, resucitarás corazón mío en un instante! / ¡Lo que has penado te conducirá hacia Dios!
A partir de la Quinta, su música empezó a teñirse de un halo trágico que alcanza en la Sexta, en la Novena y en esa sinfonía vocal que es La canción de la tierra, su más terrible expresión.
En cuatro de ellas, en la línea de la Novena de Beethoven, el compositor utilizó la voz como un instrumento más.
La Canción de la Tierra (Das Lied von der Erde), un ciclo de canciones que aunque no está catalogada como sinfonía, lo es por muchos aspectos. Creada partiendo de una antología poética de Hans Bethge, en la que traducía y parafraseaba la mejor lírica china.
Compuso las “Canciones de los niños muertos”, Des Knaben Wunderhorn y “Las Canciones de un camarada errante” para voz y orquesta, así como muchas otras para voz y piano.
Inició una décima sinfonía, que dejó inacabada, que han completado varios músico, de las cuales yo me quedo con la de Deryk Cooke, que hoy día se programa asiduamente. En 1907 falleció su hija María de sólo cuatro años. La pena de Mahler ante la muerte son palpables en las que habrían de ser sus tres últimas obras: la antes mencionada a Das Lied von der Erde (compuesta en 1908), la Novena Sinfonía (comenzada ese año y terminada en 1910), y la Décima (inconclusa) esbozada en 1910. Murió el 18 de mayo de 1911 en Viena.
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